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VENEZUELA

Guaidó: “No sé si Maduro engaña a Petro o es al revés, honestamente” – EL PAÍS

A Juan Guaidó le encanta contar historias. Mientras recorre sus oficinas —la planta 17 de un viejo edificio con ascensorista y unas vistas esplendorosas a los cerros de Caracas—, lo hace sobre el portero de su casa, sobre un taxista, un amigo, un primo. Hay una exageración de la personificación que vuelve un poco densa la conversación. Uno olvida por momentos por qué la charla gira alrededor de una vida anónima de la que no se tienen más referencias.
Guaidó, de 39 años, fue nombrado presidente encargado de Venezuela hace tres, con el apoyo de Estados Unidos, como una forma de presionar y provocar la caída de Nicolás Maduro. En este tiempo se ha demostrado que su cargo estaba vacío de contenido y que con esa arriesgada operación diplomática no se ha logrado mover ni un centímetro del poder al sucesor de Hugo Chávez, más atornillado que nunca. Se puede ver a Guaidó como alguien que no tiene una visión irónica de sí mismo, pero también como un joven opositor al que las circunstancias lo colocaron en un papel extraño; tiene acné en el rostro producto del estrés. Ahora trabaja para ganar unas primarias al resto de opositores y disputarle a Maduro unas elecciones libres en 2024, si eso es posible de conseguir. Entonces podría convertirse en un presidente de verdad, sin asteriscos ni pies de página.
Pregunta. Ha iniciado una campaña como candidato presidencial para unas eventuales elecciones en 2024…
Respuesta. Lo he hecho para dos cosas. Una, para lograr unas robustas primarias, que para nosotros es igual a unidad. Es un vehículo que nos ha demostrado eficiencia en el pasado. Hace una década hicimos primarias para enfrentar a Chávez y luego ganamos el Parlamento nacional. El primer paso es consolidar esa unidad con la participación de la gente.
P. … Claro, ¿pero entonces qué queda del Gobierno interino y su rol como articulador de una transición?
R. Por eso empiezo por ahí, por lograr las primarias. Sin eso no hay nada. Y las primarias no están montadas. Eso es más importante que cualquier aspiración, porque además estamos en dictadura. No nos podemos olvidar de ese elemento. Mi gran rol ahorita es articular eso. Cuando tengamos unas primarias, cuando haya fecha de inscripción, evaluaré cuáles son las mejores opciones que tenemos. Las primarias tienen que venir con un acuerdo de gobernabilidad. Nosotros vamos a ir a esa elección presidencial.
P. ¿Quién le puede hacer sombra en la oposición?
R. No se trata de hacer sombra. No debemos ver esto como una competencia. La dificultad no es derrotar a Maduro, sino conseguir la elección, y debemos sentarnos en una mesa para llegar a acuerdos. El que gane, ganó, pero el que quede segundo tiene que formar parte de un equipo. Necesitamos el 100% de los votos de la oposición.
P. ¿Y si no ganase usted las primarias se presentaría como candidato independiente?
R. No, no. No podría pasar eso. Al que gane la primaria todos tienen que apoyarlo. Lo que enfrentamos es complejo y difícil.
P. En una elección limpia, ¿está convencido de vencer a Maduro?
R. En una elección libre, limpia, no solamente yo le ganaría a Maduro. Si lanzamos a un perro, le ganamos a Maduro. Y no es que quiera banalizar a un perro. Quiero decir con esto que la gran mayoría de los venezolanos quiere una solución.
P. Y debería haber un acuerdo de gobernabilidad con la oposición e incluso con el chavismo…
R. Tiene que haber un acuerdo de no reelección y garantizar alternabilidad. Esa es la transición.
P. Llegado el momento de hacer una transición con el chavismo, ¿plantearía una amnistía general?
R. Propuse una ley de amnistía en 2019 que el régimen rechazó. Era una ley de paz en general, pero ellos se sintieron ofendidos. Estamos en un país en el que está señalada la cadena de mando, desde Maduro hacia abajo, de delitos de lesa humanidad en curso. Eso es muy delicado.
P. ¿Qué responsabilidad asume en la atomización de la oposición?
R. Hay dos cosas de las que responsabilizarse y dos cosas que hacer. Lo primero es administrar la gobernabilidad parlamentaria. Yo soy presidente encargado por un momento de vacío de poder. Fue lo que asumimos el 5 de enero de 2019, que se ratificó después con el respaldo de casi 60 naciones. Eso ha ido variando y Latinoamérica es un reflejo claro de cómo ha ido variando esto. Administrar esa gobernabilidad en un momento de tanta tensión en el mundo, algo como esto, inédito, es de mucha responsabilidad. Y lo hemos hecho, de una manera u otra. Digo eso porque hemos tenido momentos altos y bajos.
P. ¿Qué lugar ocupan para usted las negociaciones del chavismo con la oposición en México y su eventual reactivación?
R. Una oportunidad.
P. ¿Le tiene fe a ese proceso?
R. Es una buena pregunta. No le tengo fe a la dictadura, solo quiere mantenerse un día más en el poder a costa de lo que sea. Pero la posibilidad de un acuerdo genera expectativas. Mi expectativa es lograr un acuerdo que fije fecha para elección presidencial. No que se diga que es en el año 2024 o antes. No, que se diga el día exacto. Hay que hacer competitiva la elección, que se consiga el respeto a los resultados. Nuestras peticiones son muy elementales: que la elección sea competitiva. Y el régimen quiere licencias petroleras, por ejemplo.
P. Ha sido muy crítico con la visita a Caracas del presidente de Colombia, Gustavo Petro…
R. Y seguiré siéndolo.
P. … y con que llame presidente a Maduro. ¿De qué otra forma podría dirigirse a él?
R. Como lo que es, un dictador. El pragmatismo no te puede llevar a la complicidad con un régimen. Entiendo las relaciones bilaterales. Hace 14 años, había 7.000 millones de dólares [cifra similar en euros] de intercambio comercial entre Colombia y Venezuela. Hoy no llega ni a 100 millones. Por un apretón de mano en Miraflores y una sonrisa fingida o tensa no se van a restablecer. Se van a restablecer con Estado de derecho, seguridad jurídica y democracia.
P. ¿Pero a quién beneficiaba el cierre de la frontera?
R. La frontera no estaba cerrada. Estaba abierta en todo momento. ¿Cuántos camiones han cruzado ahora de un país a otro? Lo dijo Petro hace unos días: ninguno. No hay producción en Venezuela y no hay poder adquisitivo para comprar. No podemos caer en la retórica banal que simplifica un conflicto muy difícil, que tiene a 7,1 millones de venezolanos en el exilio. Para restablecer relaciones, hay que restablecer relaciones con una democracia.
P. Entonces usted preferiría que no existiera esta reconexión.
R. Yo quiero que se restablezcan las relaciones de Colombia y Venezuela.
P. Pero yo le pregunto si quiere que eso pase ahora.
R. No entre Colombia y un dictador.
P. O sea, usted prefería que no existieran ahora.
R. ¿A quién beneficia relativizar a un dictador? ¿A los empresarios colombianos? ¿Cuál es el tamaño de la economía venezolana? Ya está saturado el mercado venezolano. Hay una crisis en los Andes venezolanos con los productores de papa porque no tienen cómo competir con las papas colombianas. Es una gran fantasía que un apretón de manos todo mejora. La única expectativa que tengo, sinceramente, es evitar la trata de personas en la frontera. Petro debe decidir si quiere ser el relacionista público de una dictadura o, como ha sido antes, ser promotor de la defensa de derechos humanos, la democracia y el poder de los pueblos. No es lo mismo.
P. Pero el presidente Petro quiere acercarse a Maduro para que regrese a los organismos regionales y para que se someta al sistema interamericano de derechos humanos. ¿No son esos pasos hacia una apertura?
R. Como decimos en Venezuela, deseos no empreñan.
P. No confía en que Maduro dé esos pasos.
R. Tendría que empezar cumpliendo con todas las sentencias de la Corte Interamericana. ¿Crees que Maduro va a liberar a los presos políticos? Si Maduro, voluntariamente y por obra de Petro, quiere someterse nada más y nada menos que al respeto a los derechos humanos, bienvenido.
P. Usted duda.
R. Esto es una cita bíblica: por sus obras los conoceréis. La ONU acaba de dictar un informe. Maduro está en el consejo de derechos humanos, se sometió a la investigación y no dejó entrar a la misión a Venezuela. De nuevo, a estas alturas Venezuela no está para palabras bonitas. El sufrimiento es gigante. Decir que ahora va a regresar al sistema interamericano…
P. Cree que Maduro engaña a Petro.
R. No sé quién engaña a quién, honestamente. Seguramente sea Maduro, pero no creo que Petro, que viene de años de lucha política, tenga un ápice de inocencia. Debe saber muy bien las intenciones del régimen. Petro ha insinuado que la frontera es inmanejable y si quieres sacar con pinzas eso…
P. Lo dijo con todas las letras.
R. Y mete a Maduro en la negociación de paz porque tenemos al ELN aquí metido. Se puede inferir que dice que los protege.
P. Se puede. Petro no quería que Maduro estuviese en la negociación de paz, pero cree que sin él no va a ser posible alcanzar un acuerdo.
R. El desastre en la frontera es responsabilidad de Maduro. No hay que ser expertos en silogismos para deducir que Petro dice eso.
P. Usted ha sido muy beligerante con el embajador que nombró Petro, Armando Benedetti.
R. Él ha sido beligerante conmigo.
P. Digamos que ambos lo han sido.
R. No ha actuado como un embajador, sino como un actor político. Es bien delicada su actuación en Venezuela. Hace declaraciones políticas, no de un diplomático en ese caso. No tengo nada más que comentar.
P. Déjeme recapitular. La vía de la fuerza no se ha tomado, ha habido algunos intentos de golpe de Estado pero no han fructificado. La presidencia interina vive un estancamiento, podría existir eternamente y nada cambiaría. Maduro continúa, seguramente más fuerte que nunca. ¿Por qué no empujar una negociación con el chavismo, que es al punto que va Petro o el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero?
R. No es dicotómico presionar internacionalmente y lograr un acuerdo. Hay que entender que enfrentamos a una dictadura. Es gracioso que algunos quieran disfrazar su resignación con pragmatismo, volviendo a esa palabra. Maduro sigue ahí, dicen esos, no luchemos más y vayamos a una negociación. Eso es capitular. Ahora, si tenemos una posibilidad de unificarnos, de exigir en las calles la fecha de la elección y la posibilidad del acuerdo, estamos dispuestos a avanzar.
P. Pero las medidas de presión no han funcionado del todo, pareciera que las democracias no poseen mecanismos para desenredar este tipo de situaciones.
R. La presión no es un golpe de Estado, por cierto. Eso es abonar narrativas que no benefician a nadie. Lo que beneficia a Venezuela es que entendamos todos que hay que llegar a una solución. ¿Entre demócratas hace falta la presión al régimen? Sí, hace falta. De otra manera no se estaría haciendo con [Vladímir] Putin. Si no se hiciera con violadores de derechos humanos o dictadores no sancionaríamos a Putin o le enviaríamos armas a Zelenski [Volodímir, presidente de Ucrania]. Exigimos lo que le corresponde al pueblo de Venezuela a través de la presión de calle, de la presión institucional. Cuando me hablas de las fuerzas armadas y golpes de Estado, yo te digo que mi llamado es institucional. Siempre he dicho lo mismo: respeten la Constitución, exijan soberanía.
P. ¿Qué errores ha cometido usted en estos años?
R. Materiales, muchos. Hay algunos forzados y otros no forzados, como en el tenis. No podemos permitirnos los errores no forzados.
P. ¿Cuáles son los no forzados?
R. Los forzados son los propios de enfrentarse a una dictadura. ¿Cómo evitamos que nos tomen el Parlamento? ¿Cómo evitamos que metieran preso a todo el equipo directivo? Lo que no podemos permitir es la falta de unidad.
R. Entonces ese es un error…
P. No es que haya sido un error. Más que eso, son altos y bajos. También estamos buscando soluciones. Desunidos, nunca. Hemos creado la plataforma unitaria, que reúne más de 10 partidos y que ha invitado al resto a participar en la primaria.
P. ¿De qué países le ha faltado el apoyo?
R. No hemos tenido el apoyo que deberíamos de las multilaterales, como la ONU. Venezuela no cumple ni los informes. La ONU no puede ser un relator de la tragedia, sin más. Debe actuar.
P. ¿Se ha sentido traicionado por Washington? ¿Le avisaron en marzo de que una delegación estadounidense llegaba a Caracas para reunirse con Maduro?
R. Me avisaron cuando estaban aquí. No me he sentido traicionado. Ellos han sido claros en sus objetivos.
P. Pero ahora, para utilizar su término, Estados Unidos está siendo pragmático. La invasión de Ucrania ha cambiado el mundo y ahora le interesa tener contacto con Maduro.
R. Una cosa es pragmatismo y otra cinismo.
P. ¿Y cuál de los dos aplica Washington?
R. Busca de soluciones y alternativas. Las sanciones son polémicas, pero he sido claro al decir que esa es la herramienta que tenemos. Es la mejor herramienta que tenemos en el mundo libre. Bien focalizada es útil, y el mejor ejemplo es Álex Saab —detenido y acusado por Estados Unidos de ser el testaferro de Maduro–.
P. ¿En algún momento se ha sentido utilizado por Estados Unidos en estos años?
R. No. Me criticaron con que mi presidencia es una herramienta de Estados Unidos. No, es la herramienta que tengo para pelear por la causa en la que creo firmemente.
P. Se lo pregunto de otro modo, ¿ha sido usted al cien por cien?
R. He sido yo con las herramientas que he tenido. Juego al tenis con un bate.
P. Monómeros (una empresa de agroquímicos venezolana en el exterior controlada por el Gobierno interino de Guaidó)…
R. …hoy en control de la dictadura.
P. Acabó enlodado en casos de corrupción (por esta empresa). ¿Perdió una oportunidad la oposición de mostrarse diferente? ¿Cuál es su responsabilidad?
R. Aprovechamos la oportunidad. Hicimos cuatro investigaciones. Eso jamás lo viste en el chavismo. Desde que tomó control la dictadura otra vez [Petro se la devolvió a Maduro], Monómeros desapareció. El chavismo ha demostrado en 24 años ser el rey Midas al revés.
P. ¿Pero no sirvió para enchufar a familiares de la oposición?
R. Hay que corregir esa agria experiencia, con algunos errores de la gerencia. Mira, hay empresas que no tienen que ser del Estado.
P. ¿Quiere acabar el Gobierno interino el 6 de enero, cuando acaba su mandato?
R. No le voy a responder como quiero, se puede malinterpretar. Nuestro objetivo es que haya un Gobierno electo, que haya una elección. El Gobierno interino es una herramienta que queremos mantener…
P. O sea, lo quiere mantener.
R. No. No es algo que queremos mantener, queremos que evolucione hacia un Gobierno electo. Sería una irresponsabilidad autodisolver el Gobierno interino. Es una herramienta de lucha, de defensa de la Constitución. Sería una torpeza acabarlo.
P. Hay mucha crítica interna. El Gobierno interino, dicen, sirve para mantener burocracia, pagar a personal, que se volvió un fin en sí mismo.
R. Invertir en el andamiaje por el cual se sostiene un Gobierno democrático, o en resistencia como es nuestro caso, es inversión en democracia.
P. ¿Se puede ser candidato oficialmente a las primarias y seguir siendo presidente interino?
R. No es incompatible, pero no se lo digo porque yo lo vaya a hacer.
P. ¿Podría renunciar y que otra persona agarrara la presidencia interina?
R. Eso es muy complejo. No lo veo factible.
P. Si se acabara el Gobierno interino, ¿usted correría algún riesgo?
R. El chavismo podría tener una excusa para encarcelarme.
P. ¿Sigue teniendo asistencia espiritual?
R. ¿Un cura?
P. No, un médium, un adivino.
R. No me acuerdo… [Su asesora interviene para recordarle que habló de un chamán que le adivinaba el futuro en un artículo de The New Yorker]. Ah, sí, era un amigo.
P. ¿Le ha augurado su amigo que va a ser presidente de Venezuela de verdad?
R. Tengo tiempo sin hablar con él. Eso lo decidirá el pueblo de Venezuela. Pero te voy a ser sincero: he llegado mucho más lejos de lo que imaginaba en la vida. Soy un chamo de un sector muy popular. Un tío me pagó los estudios. Mi aspiración de vida ya hace bastante tiempo que la superé. En los libros de historia tendrán que poner asteriscos, pies de página gigantescos, explicaciones larguísimas, pero siempre dirán que fui presidente de Venezuela.
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Es el corresponsal de Colombia, Venezuela y la región andina. Fue miembro fundador de EL PAÍS América en 2013, en la sede de México. Después pasó por la sección de Internacional, donde fue enviado especial a Irak, Filipinas y los Balcanes. Más tarde escribió reportajes en Madrid, ciudad desde la que cubrió la pandemia de covid-19.
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